El desregulado auge de las clínicas veterinarias

Puente Alto es la comuna con más locales para atender mascotas, pero la mayor concentración de consultas está en el sector oriente de Santiago.

Los recintos no necesitan autorización sanitaria para funcionar:

Es difícil saber la calidad de las clínicas veterinarias, salvo por el clásico “boca a boca”. No está claro cuántas hay en el país, porque ningún organismo público lleva un registro de ellas. Menos existe una certificación que dé cuenta de la calidad del recinto o que la persona que examina a la mascota sea, efectivamente, un médico veterinario.

Sin embargo, diferentes actores involucrados en el tema coinciden en que en los últimos años ha habido un crecimiento sostenido de este tipo de comercios, lo que se atribuye a una mayor conciencia de las personas sobre la tenencia responsable de mascotas, a una visibilización más amplia del tema y, sobre todo, a la falta de una norma que regule integralmente a estos locales.

Una modelación de la oferta existente en la Región Metropolitana, preparada por Mapcity para “El Mercurio”, muestra que Puente Alto es la comuna con más locales y que el sector oriente de la capital ofrece la mayor concentración de consultas, clínicas y hospitales veterinarios.

Los riesgos latentes

“El principal vacío hoy es la falta de la exigencia de una autorización sanitaria para operar”, expone la fundadora de la agrupación Proanimal, Patricia Cocas, quien asegura que el mayor peligro que encierra la falta de regulación es el riesgo de negligencias. “Hoy se coloca una consulta, y los médicos veterinarios atienden casos para los que no están preparados”, afirma. Sin embargo, cree que cuando se convierta en ley el proyecto de Tenencia Responsable de Mascotas, la situación cambiará.

El presidente del Colegio Médico Veterinario, Felipe Bravo, niega que las negligencias ocurran por falta de preparación, porque “ahí el profesional actúa en base a principios éticos para la derivación de los pacientes”. Bravo apunta, eso sí, que “existe una desregulación en la oferta de la carrera de medicina veterinaria, que se ofrece en número superior a la demanda que hay en el país. Eso obliga a que los egresados deban sustentarse en una proporción muy alta en autoempleo y emprendimiento”.

Otro actor que ha visto crecer el mercado de consultas veterinarias es Isapet, una suerte de seguro de salud para mascotas que, dependiendo del monto mensual que se pacte, reembolsa parte de lo gastado en las atenciones. El modelo funciona a través de la libre elección del prestador -es decir, el dueño de la mascota lo lleva a atender donde estime-, por lo que su gerenta general, Olga Baeza, explica que le ha tocado lidiar con veterinarias “de todo tipo”.

Cómo verificar la calidad

La brecha de calidad entre los locales ha llevado, por ejemplo, a que antes de firmar un convenio con algún veterinario, la empresa de Baeza visite las instalaciones para conocer el estado y calidad de la infraestructura y el nivel de su equipamiento.

La desregulación sobre esta materia también ha motivado que el gremio de veterinarios busque crear una certificación (voluntaria) para estos locales, de manera que los clientes tengan una señal respecto de la calidad de los mismos. Esta debería concretarse este año, según plantea Felipe Bravo.

Mercado No solo hay clínicas, sino también “isapres” que los dueños de mascotas pueden contratar para cuidar la salud de sus animales.

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